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| Foto: Especial |
Joan Solsona / Marca / Espera rival del duelo entre Venus Williams y Johanna Konta
Garbiñe Muguruza se coló hoy en su tercera final
de 'Grand Slam', la segunda en la hierba de Wimbledon, tras pasar por
encima de Magdalena Rybarikova por 6-1 y 6-1, en 64 minutos.
La eslovaca, 87 del ranking WTA a sus 28 años, notó la falta de
experiencia a estas alturas de competición. Lo máximo que había hecho en un
gran escenario es la tercera ronda del torneo británico en 2015.
Muguruza, que lucía un vendaje fijador en su muslo
izquierdo, volvió a estar sublime en su puesta en escena. Dominó la semifinal
desde el momento en que se dispuso a realizar el primer saque. La española está
en modo ganadora de Wimbledon. Se planta en la lucha por el título cediendo por
el camino un solo set en los octavos con Angelique Kerber, número uno
mundial durante las últimas 34 semanas.
Un día Garbiñe liderará el tenis femenino. De momento se
conforma con luchar el sábado por su segundo 'major' con apenas 23 primaveras.
La tenista es el orgullo de los 'Mugus', así se reconoce a su familia en el
chat privado de la jugadora, y también de Conchita Martínez, su
entrenadora temporal por la paternidad de Sam Sumyk, su técnico titular.
En 9 minutos, el resultado ya reflejaba un 3-0 para
la tenista nacida en Caracas. Y eso que su rival la había ganado en dos de
los cuatro precedentes, incluido uno sobre la moqueta verde de Birmingham, en
2015.
Muguruza atacaba y Rybarikova lo único que podía hacer es
defenderse de los balazos que llegaban desde el otro lado de la red. Tuvo un
0-40 para colocarse 4-0 pero la eslovaca lo levantó no sabe muy bien cómo. La
pupila de Conchita subía a la red como el día de Kerber. Era la táctica para la
semifinal.
Magdalena, verdugo en el torneo de Karolina Pliskova,
la nueva reina de la WTA, y de Coco Vandeweghe, entre otras, tenía instantes de
lucidez, pero no le daban para sumar un juego.
Rybarikova, con un 4-0 abajo, lo
intentó con un punto de 'break' desde el resto. Pero no había manera de
inquietar a una tenista inspirada.
El primer set iba camino de un sonoro rosco, poco habitual
en una semifinal de un 'major'. Y es que Garbi se parece a Rafael Nadal en
que no da tregua. Cuando huele la sangre va a por la presa. Nada ni nadie la
frena.
En la grada de la central aplaudían la exhibición de la
española, pero, al mismo tiempo, querían más tenis. La eslovaca estrenó su
marcador 26 minutos después. Hubo ovación. Con un 6-1 adverso, la eslovaca se
disponía a sacar en la continuación para saber lo que era ir por delante. No lo
conseguiría. Muguruza y el guante que tiene en su derecha no lo iban a
consentir.
La decimocuarta cabeza de serie doblaba en puntos a su
adversaria: 42 a 22. Eso se traducía con otro 3-0 de salida en el segundo
acto. El lenguaje corporal de Magdalena era de una impotencia total. Su cara
era de asusto ante lo que estaba presenciando. El contador en positivo de
Garbi, que no bajaba la intensidad de golpes ni de piernas, seguía moviéndose
hasta el 4-0. El público se conformaba con aplaudir jugadas sueltas de la otra
semifinalista.
Muguruza tuvo dos puntos para 5-0 pero los salvó en el
alambre su rival. Rybarikova tuvo sus segundos de gloria al volver a poner un
dígito en su estadística. Poco más hubo que contar por su parte.
La flamante finalista de Wimbledon ya es la octava
tenista de 2017 y hoy estaría clasificada por tercer año consecutivo para el
Masters femenino de Singapur. Cuatro tenistas se metieron en la final de la
Catedral: Lili Alvarez (1926, 1927, 1928), Conchita Martínez (1994),
Arantxa Sánchez Vicario (1995 y 1996) y Muguruza (2015). Sólo la aragonesa pudo
inscribir su nombre en el palmarés del evento.
Ahora hacen fuerza juntas para
que España tenga una nueva reina en el torneo con más prestigioso del mundo.
Mientras ella descansa espera a la ganadora de la segunda semifinal que cruzará
a Venus Williams, décima favorita, con Johanna Konta, que ha vuelto a
situar al Reino Unido en el mapa del tenis femenino.

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